jueves, 22 de marzo de 2012

 La Guardia de honor 
              del Corazón de Jesús

"La Guardia de Honor tiene su punto de partida en el Calvario, su base en la Herida del Corazón de Jesús, sus modelos en los primeros "guardias de honor" que rodeaban la Cruz solitaria cuando ese Corazón fue abierto por la lanza: la Santísima Virgen, san Juan y santa Magdalena".
(Beata María de Jesús D-Martiny, primera celadora de la Guardia de Honor).
Como asociación, la Guardia de Honor del Sagrado Corazón nació en el Monasterio de la Visitación de Santa María de Bourg-en-Bresse (Francia), el 13 de marzo de 1863, gracias a la Hna. María del Sagrado Corazón Bernaud, y pronto se extendió por todo el mundo.

SU OBJETO
Es el Corazón de Jesús abierto y traspasado en la Cruz por la lanza del soldado. Un Corazón que sigue vivo y que continúa siendo herido por nuestros pecados, por nuestra falta de amor.
"En Cristo, Dios ha asumido verdaderamente un «corazón de carne… Cristo no solamente tiene un Corazón divino, rico en misericordia y perdón, sino también un Corazón humano, capaz de todas las expresiones de afecto:
(Juan Pablo II Rosarium Virginis Mariae)
 
SU FIN
Responder al Amor de Jesús, un amor hasta el extremo y que no es correspondido.
"Busqué quien me consolara y no lo hallé".
La Hna. María del Sagrado Corazón se sintió impulsada a responder a esa "queja" del Maestro reuniendo a personas que, por turno, de hora en hora, continuaran la misión de la primera "Guardia de Honor" del Calvario, reparando esa falta de amor, compartiendo sus sufrimientos, verdadera forma de consolarle.
Simbólicamente, los nombres de los asociados se escriben en la hora correspondiente de un "cuadrante" horario, en torno al Corazón de Cristo, emblema de la Obra.
 
¿Y CÓMO RESPONDER?
Es muy fácil: Ofreciendo con amor al Corazón de Jesús una hora de nuestra jornada, escogida por cada uno. Durante este tiempo el asociado no tiene que cambiar de ocupación.
La "hora de guardia" consiste en ofrecer el deber de estado de cada uno, el trabajo, estudio, descanso, deporte, oración, sana diversión, en unión a la ofrenda de Cristo al Padre, para su gloria y salvación de nuestros hermanos.
Vivir la "hora de guardia" hace que, a la larga, nos vayamos acostumbrando a sentir la presencia y cercanía de Jesús en nuestra vida, que así se llena de sentido.
 
EN CLAVE EUCARÍSTICA
La Guardia de Honor es una Asociación Eucarística, porque ¿dónde podemos encontrar al Corazón de Jesús "vivo" sino en la Eucaristía? Y ¿no recibe en ella también hoy incesantes injurias, olvidos, heridas?
Al comenzar la "hora de guardia", dirigimos nuestro pensamiento hacia Jesús Eucaristía, mediante una comunión espiritual, una mirada del corazón.
En algún otro momento durante el día podemos hacerle una visita, y pasar aunque sólo sea unos momentos junto a Él en el Sagrario.


“Postrémonos largo rato ante Jesús presente en la Eucaristía, reparando con nuestra fe y nuestro amor los descuidos, los olvidos e incluso los ultrajes que nuestro Salvador padece en tantas partes del mundo". 
(Juan Pablo II)


"La presencia de Jesús en el Sagrario ha de ser como un polo de atracción para un número cada vez mayor de almas enamoradas de él capaces de estar largo tiempo escuchando su voz y como sintiendo los latidos de su Corazón «¡Gustad y ved qué bueno es el Señor!'" 
(Juan Pablo II Mane nobiscum Domine).



LA PRECIOSA OFRENDA
La misión por excelencia confiada a la Guardia de Honor es honrar al Corazón Herido de Jesús y recoger la Sangre y el Agua que brotaron de él ofreciéndolas al Padre por las necesidades de la Iglesia y salvación de los hombres.
Eso es lo que hicieron en el Gólgota la Virgen María, Juan y Magdalena en el momento de la Lanzada, inaugurando una especie de "sacerdocio místico" que se prolonga en la Iglesia y que los guardias de honor tienen como valiosa herencia.

APOSTOLADO
Testimonio y oración
Si nos acercamos al Corazón de Cristo quedaremos prendidos en su llama, tendremos sus mismos sentimientos. Él no es más que Amor y Misericordia, luego nuestra vida debe transparentar su presencia.
Todas las necesidades de la humanidad hallan eco en su Corazón y deben hallarlo en el nuestro. Cada hora del día, además de tener su patrono especial (la Virgen, S. José, los santos y 9 coros de los ángeles), está dedicada a pedir por' una intención particular, aunque se pueden añadir otras.


PATRONOS E INTENCIONES 
PARA CADA HORA DE GUARDIA
De 12 a 1: Ntra. Sra. del Sagrado Corazón. La Iglesia. Las causas difíciles y desesperadas.
1 a 2: San José y los santos. Las naciones y sus gobernantes, la paz...
2 a 3: Los Justos de la tierra. Las instituciones políticas, sociales, económicas, medios de comunicación.
3 a 4: Los Serafines. La familia, el respeto a la vida.
4 a 5: Los Querubines. La enseñanza, los jóvenes.
5 a 6: Los Tronos. El trabajo, los que van de viaje...
6 a 7: Las Dominaciones. Los pobres, los que sufren.
7 a 8: Las Virtudes. La propagación de la fe. Los misioneros.
8 a 9: Las Potestades. La conversión de los pecadores y alejados.
9 a 10: Los Principados. Los agonizantes.
10 a 11: Los Arcángeles. Las almas del Purgatorio, los asociados y familiares difuntos.
11 a 12: Los Ángeles. El reinado del Corazón de Jesús. Acción de gracias por los beneficios recibidos.
El celo que devora al Corazón de Jesús debe pasar al corazón de sus amigos. El más humilde “guardia de honor” puede y debe ser apóstol y salvador con Jesucristo
Hna. María del Sagrado Corazón



El reloj de la Misericordia

Además, la Asociación ofrece la posibilidad de ofrecer una o varias horas suplementarias, llamadas "horas de misericordia" por la conversión de una persona, familia, etc. que esté alejada de Dios. Sus iniciales se escriben en la hora escogida en el llamado "Cuadrante de la Misericordia". El Corazón de Jesús es Misericordioso, nos llama, nos espera, está siempre dispuesto a perdonar con tal de que nos arrojemos ante Él con arrepentimiento y confianza.



¿Quién puede pertenecer a la Guardia de Honor?
¡Tú! Sí, tú, cualquiera que seas: niño, joven, adulto, hombre o mujer, casado, soltero, consagrado a Dios, religioso o religiosa, sacerdote, obispo, papa...
La facilidad y profundidad de la Guardia de Honor hacen que esté abierta a todo tipo de personas. Ayuda a todos a dar sentido a su vida, a vivir en plenitud la propia vocación.
En los registros de la .Asociación figuran tanto papas y reyes como personas sencillas, empresarios y obreros, ricos y pobres. Varios santos y beatos que hoy veneramos en los altares encontraron en la Guardia de Honor una ayuda para su santificación.
Historia de La Guardia de Honor

En los comienzos del año 1863, el deseo de glorificar al Corazón de Jesús inspiraba a una Religiosa del Monasterio de la Visitación de Bourg (Ain), Francia, la idea de santificar el deber de estado cotidiano por la ofrenda especial de una Hora de Guardia en reparación de los pecados, públicos y privados, por los cuales Nuestro Señor sufrió en su agonía y derramó su sangre en la cruz.
Gracias a esta piadosa práctica se establecería una cadena espiritual permitiendo a cada uno comprender mejor la solidaridad del género humano en el pecado y en la redención.
Los principios fueron modestos. El 13 de marzo de 1863, tercer viernes de Cuaresma, en que entonces se celebraba la fiesta de las Cinco Llagas de Nuestro Señor, la Hermana María del Sagrado Corazón Bernaud, diseñaba un cuadrante en el que figuraban las Horas de Guardia distribuidas entre las Religiosas de la Comunidad. Antes de finalizar aquel mes, tres miembros del clero y 18 fieles se unían a ella. Muy poco tiempo después, el Excmo. Sr. Obispo de Belley y otro Prelado daban su nombre a la Obra naciente.
El movimiento se extendió y el 9 de marzo de 1964, Mons. de Langalarie, Obispo de Belley, erigía en el Monasterio de la Visitación una Cofradía bajo el título de Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús.
El 7 de abril de 1865, apenas transcurridos dos años desde sus comienzos, un Breve Pontificio concedía a los Asociados siete años de indulgencia por la Hora de Guardia. El Beato Pío IX no se contentó con bendecir la nueva Obra, sino que formó también parte de ella, aprobada ya en cuarenta y cuatro Diócesis.
En fin, el 26 de noviembre de 1878, la GUARDIA DE HONOR, era erigida en Archicofradía para Francia y Bélgica. Seguidamente otras 19 Archicofradías nacionales han sido erigidas en otros tantos países. Y hoy día existe muy floreciente en España, Italia, Estados Unidos, Suiza, Inglaterra, México, Uruguay, Canadá, Alemania, Brasil, Portugal, Colombia, Chile, etc.
El título "Guardia de Honor" no tiene hoy, sin duda, las resonancias que evocaba hacia mediados del siglo diecinueve. Nuestra época es igualmente refractaria a cierta manera de enfocar la reparación. Pero puede suceder que haya en esto algunas ideas falsas y equivocadas.
Una "Hora de Guardia" se puede entender de una manera demasiado pasiva, como un soldado que, con el fusil al hombro, vigila la entrada de un Cuartel General. Pero se puede entender también, de una hora de servicio activísimo, hora de guardia de un telefonista que, en plena batalla, asegura la comunicación entre los jefes y sus tropas, o la jornada de guardia de un médico que, el domingo, está atento a todas las llamadas que le puedan hacer. Las palabras pasan, pero las realidades que ellas nos indican, permanecen.
Si se comprende bien, la Hora de Guardia expresa muy sencillamente la idea que durante un corto espacio de tiempo, un cristiano, un religioso, un sacerdote, se esforzará por vivir más plenamente su unión con Cristo, no teniendo otra intención que la suya, otros pensamientos ni otros sentimientos, que los pensamientos y los sentimientos del Corazón de Jesús.
Las fórmulas adoptadas hasta el presente por la GUARDIA DE HONOR hablan de la "ofrenda" de una Hora de Guardia para santificar el deber de estado cotidiano. Traduciendo su significado para los hombres de nuestro tiempo, la ofrenda, análoga a la que hacen los Socios del Apostolado de la Oración, no es solamente una práctica de piedad, sino que debe informar toda nuestra vida. No se trata de atesorar horas de Guardia como se guardan en un cofre las onzas de oro, o como se hace un depósito en los fondos de cualquier Sociedad, sino de vivir intensamente su vida de todos los días, dándole una orientación profunda que la unirá a Cristo y nos hará corredentores.
En teoría, esto debería extenderse a toda la vida, sin interrupción ni división. Pero ¿quién puede lisonjearse de vivir así, sin desfallecer, de la mañana a la noche, desde el primer viernes de mes hasta el siguiente? Los teólogos discuten por saber cuántas veces será preciso hacer actos explícitos de caridad para que el mérito sea verdadero, con mayor razón podemos pensar que sólo los Santos pueden hacer de su vida una ofrenda continua.
Vivir una Hora de Guardia es, pues, tratar de probar a Nuestro Señor que se quiere pertenecerle totalmente, rescatarse a sí mismo por los méritos de la Pasión y contribuir a extender sobre el mundo los beneficios de la Redención. Una hora es mucho para quien comienza, es poco para quien avanza en la vida espiritual. La práctica de la Hora de Guardia conduce insensiblemente a orientar toda la jornada diaria hacia los intereses del Reino de Dios.
La Hora de Guardia es análoga a la práctica de retiro mensual o del examen diario. Tiene la ventaja de ser más exigente y más fiel. No pide ningún cambio en las ocupaciones, sino solamente que se tenga conciencia de nuestra unión con Cristo. De la necesidad de vivir en Él y por Él para llevar fruto. No solamente el soldado, el telefonista, el médico que antes nos han servido de ejemplo, sino la madre de familia, el obrero que lima el hierro o ensambla maderos, el labrador que siembra y cultiva la tierra, el albañil que construye, el ingeniero que inventa una máquina, pueden encontrar en esta práctica la ocasión de mayor santificación propia y un apostolado más auténtico.
Un cristiano no puede, en efecto, dispensarse de ser apóstol. La oración que no condujera al apostolado sería una oración sospechosa. El cumplimiento del deber de estado es el primer paso en este camino real, siendo mucho más costoso de lo que se piensa. Después se continúa por las diversas formas de apostolado de los laicos, especialmente por la Acción Católica que los últimos Papas no han dejado de recomendar. Pero cuanto más pretendamos hacer directo y eficaz nuestro apostolado, tanto más debemos vigilar a fin de que se mantenga profundamente sobrenatural. Es Dios quien tiene la iniciativa, Él nos llama a demostrar nuestro amor. Una Hora de Guardia pasada junto al Corazón de Cristo dará a las obras emprendidas una eficacia que difícilmente tendrían sin ella. Asociándonos en esta Hora al misterio de sus sufrimientos, nos llevará también a unirnos a los goces de su resurrección y a caminar en adelante bajo el soplo divino del Espíritu de Pentecostés.
Desde su origen esta Hora de Guardia ha sido ofrecida en espíritu de reparación. El pecado tiene múltiples aspectos: es desobediencia, ingratitud, negación al amor; pero constituye también un desorden espiritual cuyas consecuencias atacan a Cristo en sus miembros. Sería falso reducir la gravedad del pecado únicamente al mal que puede hacer al prójimo, cuando en verdad herimos más a menudo al Corazón de Jesús por nuestra actitud hacia nuestros hermanos. "Si me amáis - dice Jesús - guardad mis mandamientos". Y San Juan nos que dice por el amor al prójimo se pasa de la muerte a la vida. Reparar será, pues, tener conciencia de que el pecado es un desorden en nuestras relaciones con Dios, será tenerla también del desorden que introduce en el mundo.
Hacer la "Hora de Guardia", no será por lo tanto, solamente "ofrecer" esta Hora al Corazón de Jesús, sino vivir el deber de estado como el Señor nos pide vivirlo. Será cumplir nuestra misión de hombres, pero hacerlo tan bien que quede todo transformado y cada uno pueda decir en unión con sus semejantes: "Yo vivo, no, ya no soy yo el que vive, es Cristo en mí".
Si Cristo vive así en nuestros corazones. Si el Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, anima de este modo nuestra existencia; si relevándonos de hora en hora aseguramos una guardia vigilante sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea, con los ojos fijos interiormente en el Señor, qué cadena de oración, de fe, de esperanza y de caridad se forjará contribuyendo a neutralizar y a contrarrestar poco a poco el desorden del mundo.
La reparación no será entonces un "sustitutivo" secundario de la verdadera vida, sino un espíritu que nos haga participar en todo momento de la Redención por la cual el Hijo de Dios ha reparado y repara aún un mundo destrozado, curando sus heridas, asumiendo y llevando a la perfección todas las riquezas naturales de este mundo.
Los Soberanos Pontífices han demostrado siempre su benevolencia y alentado a la GUARDIA DE HONOR. "Deseamos de todo corazón, escribían desde el Vaticano con ocasión del Centenario de la fundación de la obra (1963), que la práctica de la Guardia de Honor que puede ser tan útil al progreso interior de todos, simples fieles, militantes de Acción Católica, aún religiosos y sacerdotes, no pierda nada de su atractivo. La presencia frecuente de cada uno, a intervalos regulares, junto al Corazón de Jesús, lejos de ser incompatible con los trabajos apostólicos o formas actuales de piedad, puede ser un manantial poderoso para ellos, semejante al de las energías de que tiene necesidad cada sector de la actividad religiosa.
Después de Pío XII y Juan XXIII, por no citar sino a los más recientes, Pablo VI y Juan Pablo II se han dignado enviar su paternal Bendición apostólica a la Archicofradía.

 Promesas del Sagrado Corazón de Jesús

En mayo de 1673, el Corazón de Jesús le dio a Santa Margarita María para aquellas almas devotas a su Corazón las siguientes promesas:

 
*
Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida. 
* Les daré paz a sus familias.
* Las consolaré en todas sus penas.
* Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.
* Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.
* Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.
* Las almas tibias se volverán fervorosas.
* Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.
* Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.
* Otorgaré a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.
* Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.
* Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.
                                                                    
Nuestra Santa Madre Juana Francisca de Chantal

Juana Francisca Fremiot nació en Dijón el 23 de enero de 1572. Su padre Benigno Fremiot era entonces maestro de cuentas del parlamento de Bourgogne del cual será después el presidente. Ella pierde a su madre al nacer su hermano Andrés, el 26 de agosto de 1573.
En el curso del año de 1578, ella acompaña a su hermana Margarita que viene de contraer matrimonio en Poitou. En efecto su padre sentía venir la guerra civil que provocaría la Liga, no teniendo donde refugiar a Juana cerca de él. Fiel a su rey Enrique III,  el se refugió en Flavigny.
En 1592 Su padre la llamó cerca de el a Semur y la dio en casamiento a Cristóbal de Rabutin, barón de Chantal. El matrimonio se realizó el 28 de diciembre en el Castillo de Bourbilly. Juana tenía 20 años y el barón 27.
Fruto de su matrimonio tuvieron 6 hijos, dos de ellos vivieron muy poco.
En 1601 es la gran prueba de Juana: Su marido muere durante una cacería tras ser herido accidentalmente por uno de sus amigos, entonces el ya había tomado la decisión de no volver a la corte de París, sino de quedarse con su familia en Bourbilly. Juana es presa de una gran tristeza. Sus cuatro hijos, Celso Benigno (5 años) María Amada (3 años), Francisca (2 años) y Carlota, nacida quince días antes de la muerte de su padre, la librarán de la desesperanza. Ella continúa ocupándose de los pobres de la vecindad, los acoge en la puerta del castillo, los sirve con sus propias manos, visita a los enfermos, busca la justicia y cuida de sus bienes. Pero ella siente un grande atractivo de servir a Dios sin reserva.      
En 1603 se abnegó cerca de su suegro en Monthelón. Allí un ama de llaves gobernaba en la casa. Juana aceptó esta cruz y se ocupó de sus cinco niños como si fueran sus propios hijos.
En 1604,  el señor de Fremiot, su padre invita a su hija a la prédica de Cuaresma en Dijon. Monseñor de Ginebra tendrá a su cargo los ejercicios espirituales. Juana reconoce entonces en el al director espiritual que Dios le había hecho entrever en una visión algunos años antes. Ella le pide que tomara el cuidado de su alma, esto lo hará el Obispo después de mucha reflexión
En 1607 durante el curso de una permanencia de Juana en Saboya, Francisco le revela su proyecto de fundar con ella la Orden de la Visitación. La aceptación de Juana es inmediata, después de la muerte de su marido ella no aspiraba más que a darse enteramente a Dios, conforme a la promesa que los dos esposos habían hecho algunas semanas antes del deceso fatal.
El 29 de marzo de 1610 la baronesa de Chantal toma el camino de Annecy a fin de fundar el nuevo Instituto. Venía de casar a su  hija mayor María Amada,  con Bernardo de Sales en 1609, acababa de perder a su última hija Carlota, traía consigo a Francisca, dejando a Celso Benigno a cargo del señor Fremiot. La Visitación será fundada el día de la Santísima Trinidad de 1610 fiesta de San Claudio, el 6 de junio. Ella tiene por compañeras a María Jaqueline Favre y Juana Carlota de Brechard.                                         
Desde entonces su vida será para la Visitación, lo que no le impedirá sin embargo, seguir el consejo de San Francisco de Sales, su Bienaventurado Padre de tratar los negocios de su casa, Bourbilly, Monthelón, de ocuparse del casamiento de sus hijos confiándolos ardientemente al Señor cuando los peligros los amenazan. Ella fue para ellos la  madre atenta.
Las fundaciones se multiplican. Juana vela por la unidad de la Orden, emprendiendo viaje cada vez que esto sea necesario. A la muerte de San Francisco de Sales tiene cuidado de recoger cartas y sermones preparando un expediente para una futura canonización; pero destruye todo lo que le concierne personalmente. Con las primeras madres puso al día los textos fundamentales del Instituto, Constituciones y Costumbrero. Visitas y negocios absorben su tiempo.
Las Hermanas serán en adelante de clausura, mas  la peste sobreviene, Juana organiza la distribución de pan y medicinas. Ella está atenta a todo y a todos.
Muere el 13 de diciembre de 1641 en Moulins donde la Señora duquesa de Montmorency deseaba recibir el velo de la Visitación de sus manos. Hasta el fin ella dará ejemplo de caridad y de fidelidad a la Regla rogando por la unidad de la Orden.

Nuestro Santo Padre 
Francisco de Sales

Francisco nació el 21 de agosto de 1567 en el Castillo de Sales en Thorens, del matrimonio de Francisco de Boisy y Francisca de Sionnaz. Después de sus estudios en La Roche sur Foron, Annecy, París y Padua (donde es recibido Doctor en Derecho Civil y Canónico),  es admitido en el colegio de abogados de Chambery; pero el desea desde su infancia ser sacerdote. Recibe la tonsura en 1578 en el castillo de Clermont en Ginebra.
Después de haber obtenido el consentimiento de su padre, gracias a la ayuda de su primo, es ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1593 por Monseñor de Granier en la catedral de Annecy, y toma el cargo de preboste del capítulo de Ginebra.
Al año siguiente parte como misionero al Chablais, entonces protestante.
Francisco es muy mal acogido por los calvinistas. Lo insultan, lo amenazan. Recorre la región a pie, a veces con peligro de su vida. El predica, pero, mas desesperando, de no ver venir a el a los habitantes, redacta entonces cuartillas, presentando clara y  sólidamente argumentos de la doctrina católica, y los distribuye a domicilio, los desliza bajo las  puertas. El mismo los imprimirá para alcanzar mayor número y trabajará solo durante largos años.
El valor y santidad de Francisco llevan poco a poco sus frutos, tanto que tres misioneros lo son enviados. La misión daba sus frutos.
En 1597, Monseñor  de Granier confía a Francisco la visita “ad Limina” que su edad y salud no le permitía efectuar a Roma. Francisco es entonces nombrado por el Papa Clemente VIII coadjutor del Obispo de Ginebra - Annecy, después de haber contestado brillantemente a un interrogatorio dirigido por el mismo Papa. No será consagrado Obispo sino después de la muerte de Monseñor de Granier. Esto no le impedirá secundar a su Obispo en los quehaceres importantes tales como el curato del país de Gex, por lo cual será enviado a París cerca del Rey en enero de 1602.
El nuevo Obispo viste pobremente y se hace cercano a su pueblo. Predica y  se ocupa de los pobres, confiesa, enseña el catecismo a los niños, visita a los prisioneros, emprende la reforma de numerosos monasterios relajados se hace todo para todos. Visita todas las parroquias de su Diócesis aún las de más difícil acceso. Se interesa por el progreso de las ciencias, de las letras, etc. En 1607 funda con su amigo Antonio Favre, la academia Florimontana, donde son admitidos letrados y sabios, como también los artesanos.
Es pastor de almas. Toma conciencia que muchos de entre ellos deseaban servir a Dios en la vida cotidiana. Escribirá para ellos la Introducción a la Vida Devota, libro que tendrá una gran acogida aun entre los mismos protestantes. Nadie se excluye de la vida de unión con Dios.
Al mismo tiempo se da cuenta que muchas almas aspiran a la vida religiosa no pudiendo entrar en las congregaciones entonces existentes. El fundará por eso con Santa Juana de Chantal, en 1610, la Orden de la Visitación de Santa María.
Es en l604, que predicando la Cuaresma en Dijon, Francisco  conoce a la baronesa de Chantal. El reconocerá en ella a aquella que vio en sueños para ser la piedra fundamental de la pequeña congregación que desea fundar. Director de almas, Francisco sabrá guiarla hacia el despojamiento que lleva a Dios.
Como un padre atento a sus hijas, Francisco velará sobre la pequeña congregación. El las instruirá, las guiará y escribirá pensando en sus “hijas”, el Tratado del Amor de Dios. Se dirá después de la Visitación que ella es el tratado del Amor de Dios en acción.
Francisco tuvo una irradiación que superó las fronteras de su diócesis.
Es invitado a predicar en Adviento y Cuaresma. En 16l8, regresa a París acompañando al Cardenal de Saboya que va a solicitar para el Príncipe del Piamonte la mano de Cristina de Francia. El pueblo de París lo acoge con alegría. El predica, encontrándose con San Vicente de Paúl, Madame Acarie y Angélica Arnaud, la abadesa de Port Royal. Francisco se pone al servicio de su Señor, del Príncipe, de su Iglesia.            
Muere el Lyon, al regreso de un viaje al que había acompañado al Duque de Saboya el 28 de Diciembre de 1622. 

miércoles, 21 de marzo de 2012

Carácter de la Orden de la Visitación

 
El carácter de la Orden de la Visitación es ver en todas las cosas la Voluntad de Dios y seguirla.